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Miedos · Proceso

¿Se engorda al dejar de fumar? Por qué pasa y cómo evitarlo

Por Pilar Balbi Crisol, hipnoterapeuta clínica · · 6 min de lectura

«Es que si lo dejo, engordo.» Es de las frases que más escucho, y casi siempre la dice alguien que ya ha decidido dejarlo pero necesita una excusa para retrasarlo un poco más. Vamos a hablar de esto, porque el miedo es real pero el razonamiento tiene una grieta.

No engordas porque dejes de fumar

Engordas porque le quitas a tu mente su gesto de calma y no le das otro.

Esa es toda la explicación, y merece la pena detenerse en ella porque cambia por completo lo que hay que hacer. El problema no está en el tabaco que retiras. Está en el hueco que dejas.

Si solo quitas, hay un hueco. Si sustituyes, no.
Te lo cuento en 30 segundos. Más vídeos en mi canal.

El cigarro nunca fue solo un cigarro

Piensa en cuándo fumas. No en cuántos, en cuándo.

Después de comer. Cuando sales del trabajo. Cuando la conversación se pone tensa. Cuando llevas dos horas seguidas delante de la pantalla. Cuando te has llevado un disgusto. Cuando hay que esperar.

El cigarro era tu pausa. Tu respiro. Tu forma de parar. Era el permiso socialmente aceptado para salir de la habitación, para dejar de hacer lo que estabas haciendo, para tener cinco minutos que no le debías a nadie.

Y eso, que parece un detalle, es lo importante. Porque cuando dejas de fumar no pierdes solo la nicotina: pierdes el mecanismo con el que gestionabas la tensión, el aburrimiento y la transición entre una cosa y otra.

Por eso la mente va a la nevera

Si le quitas eso a tu mente y no pones nada en su lugar, va a buscar el sustituto más rápido que encuentre. Y suele estar en la nevera.

No porque tengas hambre. Fíjate bien la próxima vez: no es hambre. Es la misma sensación de antes, la de «necesito parar un momento», solo que ahora no sabes qué hacer con ella. Y comer es lo más parecido que hay a fumar en cuanto a gesto: llevarse algo a la boca, ocupar las manos, interrumpir lo que estabas haciendo.

La comida no es el problema. Es el síntoma de que hay un hueco sin cubrir.

Qué hacer, entonces

Aquí está el giro que quiero que te lleves de este artículo:

Mi trabajo no es quitarte el cigarro. Es darle a tu mente otra manera de calmarse.

Suena parecido pero no lo es. Quitar es una resta. Sustituir es un cambio. Y la diferencia se nota justo en las semanas en las que la mayoría de la gente recae o compensa comiendo.

Cuando trabajamos la sustitución, tu mente aprende que hay otras formas de conseguir lo que el cigarro le daba: la pausa, el respiro, la bajada de tensión. Y cuando eso está instalado, la nevera deja de ser interesante, porque ya no hay ningún hueco que tapar.

Este es exactamente el enfoque del programa de 5 sesiones para dejar de fumar: no retirar el cigarro y desear suerte, sino instalar otro recurso antes de que aparezca el hueco.

Los tres momentos donde aparece el hueco

En consulta veo que el hueco no aparece a todas horas. Se concentra en momentos concretos, y reconocerlos de antemano es media batalla ganada.

El primero es la transición. Terminar de comer y volver al trabajo. Salir de una reunión. Llegar a casa. El cigarro marcaba el punto y aparte entre una cosa y la siguiente, y sin él esos momentos se quedan sin cierre. Es cuando más gente abre la nevera sin tener ni idea de qué está buscando.

El segundo es la tensión. Una conversación incómoda, una mala noticia, la sensación de que no llegas. Ahí el cigarro funcionaba como válvula. Si no hay otra válvula preparada, la mente coge lo que tenga a mano.

Y el tercero es el vacío. El rato muerto, la espera, el domingo por la tarde. Fumar también servía para llenar tiempo, y ese es el hueco del que menos se habla.

Cuando alguien identifica en cuál de los tres le pasa a él, deja de sentirse a merced de un impulso incomprensible y empieza a poder anticiparlo.

Por qué la dieta no es la solución

Mucha gente intenta resolver esto por el lado equivocado: se pone a dieta el mismo día que deja de fumar, o llena la casa de zanahorias y chicles sin azúcar.

Entiendo la lógica, pero suele salir mal por dos motivos. El primero es que estás pidiéndole a tu mente dos esfuerzos grandes a la vez, y el segundo se te va a llevar por delante al primero. El segundo, más importante: la zanahoria no cubre el hueco. Sustituye el gesto, sí, pero no la función. Sigues sin tener una forma de parar, de bajar la tensión, de marcar el punto y aparte.

Por eso el enfoque no es controlar lo que comes. Es que no necesites comer para conseguir lo que buscas.

Sobre el miedo a engordar, con honestidad

No te voy a decir que es imposible ganar algo de peso. Sería mentirte, y prefiero que confíes en lo que te cuento.

Lo que sí te digo es que no es inevitable, que no es la norma cuando el proceso se hace bien, y que ponerlo en la balanza frente a seguir fumando es una comparación que no se sostiene: unos kilos son reversibles y están bajo tu control. Lo que el tabaco va haciendo, no siempre.

Y hay algo más que veo mucho en consulta: el miedo a engordar rara vez es solo eso. Suele ser el último argumento que encuentra la mente para no cambiar, igual que el precio o el «ahora no es buen momento». Si no fuera este, sería otro.

Preguntas frecuentes

¿Es verdad que se engorda al dejar de fumar? +

No es automático. Ocurre cuando se retira el cigarro sin sustituir la función que cumplía: la pausa y la calma. Si esa función se cubre, el aumento de peso deja de ser el desenlace esperable.

¿Por qué entra más hambre al dejarlo? +

Muchas veces no es hambre real, sino la necesidad de repetir el gesto de parar que antes cubría el cigarro. La mente busca el sustituto más rápido, y suele estar en la nevera.

¿Cómo dejar de fumar sin engordar? +

Sustituyendo en lugar de solo retirar. Si al quitar el cigarro se instala otro recurso de calma, la mente no necesita buscarlo en la comida.

¿Merece la pena aunque gane algo de peso? +

Unos kilos son reversibles y están bajo tu control. Además, el aumento de peso no es inevitable si se trabaja bien la sustitución desde el principio.

En una frase

No engordas por dejar de fumar. Engordas por dejar un hueco donde antes había un recurso. Y ese hueco se puede llenar con algo mucho mejor que un cigarro o que la nevera.

Dejarlo sin cambiar un hábito por otro

En el programa para dejar de fumar en 30 días trabajamos la sustitución desde la primera sesión: cinco sesiones individuales por videollamada y un audio de rescate para los días difíciles. Sin promesas mágicas y sin culpa.

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