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Historia · Vocación

Por qué ayudo a dejar de fumar: la historia detrás de mi consulta

Por Pilar Balbi Crisol, hipnoterapeuta clínica · · 5 min de lectura

Tenía ocho años cuando el tabaco me quitó a mi abuelo. Era la persona que me quería de la forma más incondicional que he conocido, y tardé diez años en atravesar ese duelo.

No cuento esto para dar pena. Lo cuento porque explica, mejor que nada, por qué me dedico a esto. Hay quien elige su trabajo mirando un folleto de profesiones. Este trabajo me eligió a mí mucho antes de que yo supiera que existía.

La pregunta que se ha quedado comigo hasta ahora

Desde pequeña me ha acompañado siempre la misma pregunta. ¿y si alguien le hubiera ayudado?

No es un reproche a nadie. Mi abuelo, como tantos fumadores de su generación, no tuvo a mano una mano tendida. No existía la conversación que hoy sí existe. Nadie se sentó con él a entender por qué fumaba, qué le daba el cigarro, qué hueco venía a tapar. Simplemente fumaba, como se fumaba entonces, hasta que fue tarde.

Esa pregunta —qué habría pasado si alguien le hubiera ayudado a tiempo— es la que, sin que yo lo planease, terminó marcando a qué iba a dedicar mi vida.

Si alguien le hubiera ayudado. Por eso me dedico a esto.
Te lo cuento en 30 segundos. Más vídeos en mi canal.

Por qué no es un trabajo cualquiera

Cuando alguien se sienta delante de mí para dejar de fumar, no veo un caso ni una estadística. Veo a una persona a la que quieren, igual que querían a mi abuelo. Y veo a la gente que hay detrás de ella: hijos, parejas, nietos que aún no han nacido.

Esto cambia por completo la manera de acompañar. No trabajo desde la técnica fría de «vamos a quitarte un vicio». Trabajo desde entender que el cigarro cumplía una función real en su vida —calma, pausa, compañía— y que retirarlo sin más deja un hueco que hay que cubrir antes. De cómo se hace ese trabajo hablo en cómo funciona la hipnosis para dejar de fumar.

Lo que aprendí del duelo y me sirve cada día

Más de diez años de duelo enseñan cosas que no salen en ningún máster. La principal es esta: nadie fuma porque quiera hacerse daño. Se fuma porque en algún momento el cigarro fue una solución —a la ansiedad, al aburrimiento, a la soledad, al estrés— y con el tiempo esa solución se volvió el problema.

Por eso nunca juzgo a quien fuma. Juzgar es lo más fácil y lo más inútil. Lo que hago es lo contrario: entender qué está resolviendo ese cigarro para poder ofrecer otra cosa que lo resuelva sin cobrarse la salud a cambio. Es lo que a mi abuelo nadie le ofreció.

Y también aprendí a no prometer imposibles. No prometo milagros ni resultados garantizados; prometo un acompañamiento honesto, que es justamente lo que marca la diferencia. Sobre eso escribí en ¿voy a pasarlo mal al dejar de fumar?.

Llegar a tiempo

Si hay una palabra que resume mi trabajo, es esa: tiempo. Con mi abuelo nadie llegó a tiempo. Cada persona que se decide hoy es alguien que sí está llegando a tiempo, antes de que la pregunta «¿y si alguien me hubiera ayudado?» tenga que hacérsela otra persona por ella.

No hace falta esperar a tener un susto en la consulta del médico. No hace falta esperar al lunes perfecto —de hecho, el lunes perfecto no existe. Solo hace falta decidir que quieres estar aquí, entero, para la gente que te quiere.

Si quieres ver cómo acompaño ese proceso y qué incluye exactamente, puedes verlo en la página del programa de 5 sesiones.

Preguntas frecuentes

¿Por qué te dedicas a ayudar a dejar de fumar? +

Perdí a mi abuelo por el tabaco cuando tenía ocho años. Durante años me acompañó la pregunta de qué habría pasado si alguien le hubiera ayudado a tiempo. Esa pregunta se convirtió en vocación: acompañar a quienes quieren dejarlo para que no lleguen tarde.

¿Hace falta haber vivido algo así para acompañar en esto? +

No es imprescindible, pero ayuda a entender de qué va esto de verdad. Dejar de fumar toca lo emocional, no solo la voluntad. Haberlo visto de cerca me recuerda cada día que detrás de cada fumador hay personas que le quieren.

¿Qué diferencia hay con dejarlo por mi cuenta? +

Que no estás sola o solo delante del proceso. La mayoría de intentos por cuenta propia fallan por falta de preparación y acompañamiento, no de ganas. El programa trabaja la raíz: por qué tu mente busca el cigarro y qué darle en su lugar.

¿Es tarde para dejar de fumar? +

Casi nunca es tarde. El cuerpo empieza a repararse desde el primer día sin tabaco. Lo que importa es no seguir aplazándolo, porque el aplazamiento es justo lo que convierte un plan en un lamento.

En resumen

No elegí este trabajo por una vocación abstracta. Lo elegí —o me eligió—. Una niña de ocho años que perdió a la persona que más le quería y se quedó con una pregunta sin respuesta. Hoy esa pregunta tiene respuesta, y es esta: sí, se puede ayudar. Y llega a tiempo.

Si tú fumas, o quieres a alguien que fuma, quizá esta sea la señal para no dejar la pregunta para más tarde.

Llega a tiempo

Cinco sesiones individuales por videollamada, un audio de rescate para los días difíciles y un acompañamiento honesto, sin promesas mágicas ni culpa.

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